Sexo en la psicoterapia: lo que NO debe pasar en el proceso psicoterapéutico

La incidencia de psicoterapeutas (psiquiatras, psicólogos, consejeros, trabajadores sociales) que cruzan el límite y tienen sexo con sus pacientes es considerablemente alta, de acuerdo a las estadísticas. Según algunas investigaciones realizadas en los Estados Unidos, hasta un 12% de los terapeutas masculinos han reportado haber tenido relaciones sexuales con una paciente y un 3% de las terapeutas femeninas reportaron lo mismo; la incidencia en países en vía de desarrollo, un poco más conservadores, está equiparando estos porcentajes.

El propósito de este ensayo es educar al paciente (cliente) de lo que se debe esperar dentro del proceso psicoterapéutico, así como también, identificar algunos de los limites básicos y necesarios que se deberán preservar para el éxito de dicho proceso. Al mismo tiempo, es importante enseñar o recordar al terapeuta (proveedor del servicio) sobre las razones por las cuales se prohíben las relaciones sexuales entre paciente y terapeuta. Este tema resulta tabú, pocas veces se habla de él e  incluso dentro de los centros de entrenamiento terapéutico, no siempre se le da la debida importancia.

La psicoterapia promueve un tipo de relación, única y especial, donde el paciente encuentra un espacio seguro para poder tratar y explorar ampliamente toda clase de temas.  Por la confianza, seguridad y el calor humano de la relación terapéutica, pueden surgir sentimientos de amor e incluso de interés sexual hacia el terapeuta.  Es frecuente que surjan estos sentimientos  y poder hablar de ellos puede ser una parte importante dentro de la terapia. Sin embargo, desafortunadamente en algunas ocasiones se rompen los límites éticos, iniciando una relación de tipo sexual donde la parte más vulnerable puede salir afectada de forma negativa, poniendo en juego su salud mental.

Para que la psicoterapia funcione adecuadamente son necesarios algunos ingredientes fundamentales; quizás, el  más importante de todos, es la misma relación de confianza entre terapeuta y paciente, pero con límites claros.  Esta relación es la que permite que se desarrolle una alianza terapéutica positiva y esta alianza será el mejor indicador para una terapia eficaz y exitosa. Tener sexo con un paciente es cruzar los límites y abusar de la confianza del paciente, esto daña tanto la alianza terapéutica, como la relación.

A continuación, exploremos 6 razones por las cuales no debe haber una relación de tipo sexual entre pacientes y terapeutas:

1. Hay una diferencia de poder en la relación. El paciente viene a terapia porque se siente mal y quiere ayuda,  no siente control frente a sus síntomas y no sabe qué hacer con ellos, por ende es vulnerable.  El terapeuta es el experto que debe tener las respuestas acerca de la situación que enfrenta el paciente.  La naturaleza de la relación está en el poder y  por tanto el interés como la necesidad del paciente debe ser prioritario. El tener sexo con un paciente es aprovechar una situación frágil, abusando de la confianza inherente de la relación terapéutica y poniendo las necesidades del terapeuta por delante de las del paciente.

 2. La Psicoterapia es como un laboratorio donde se puede hablar y explorar todo lo que afecta al paciente.  En otras palabras, es un espacio para reflexionar acerca de las diferentes dinámicas psicológicas  de la vida del paciente;  mucho de lo que se trae a la terapia, es precisamente porque el paciente no reflexiona sino que actúa de modo inconsciente.  Actuar sin reflexionar trae consecuencias negativas a la inter-relación que tiene el paciente con otras personas, dejar de actuar automáticamente, hablar y reflexionar sobre la situación, es el inicio de la toma de conciencia del paciente.  El sexo entre paciente y terapeuta, es pasar al acto en lugar de reflexionar sobre estos sentimientos de amor o atracción y  sus consecuencias o motivaciones. Actuar de forma irreflexiva, esclaviza, sin embargo, tomar conciencia libera y nos aporta dimensiones no consideradas previamente.

3. En psicoterapia existen dos tipos de relación que ocurren simultáneamente, pero en distintos niveles. La primera, es la relación de transferencia, en donde el paciente transfiere o proyecta sus fantasías, expectativas, esperanzas, anhelos y dinámicas inconscientes sobre la figura del terapeuta (el deseo de ser rescatada o la creencia en el príncipe azul que la rescata, por ejemplo). El otro tipo de relación, es la verdadera, donde paciente y terapeuta logran a través de tiempo y esfuerzo límites claros; es una relación establecida en base a la realidad de cada individuo.  En cierto modo, la psicoterapia es un viaje que va desde la relación de transferencia hacia la relación verdadera. Las relaciones sexuales entre pacientes y terapeutas actúan desde la transferencia, desde donde las  necesidades inconscientes de ambas partes prevalecen (el terapeuta rescata y el paciente es rescatado), las oportunidades para sanar y reflexionar sobre estos sentimientos se pierden completamente.

Al tener sexo ocurre un corto circuito en la creación de la relación verdadera, se destruye la alianza terapéutica, confundiendo o perturbando al paciente de manera traumática. Lo congela en la etapa irreflexiva, actuando de manera inconsciente.

4. Muchos pacientes llegan a la terapia como victimas de trauma (abuso sexual, físico o psicológico) y por consecuencia son personas psicológicamente frágiles, vulnerables o indefensas que su integridad ha sido violada.  Su capacidad para confiar esta comprometida por la misma naturaleza del trauma. Al buscar ayuda están depositando su confianza en la persona del terapeuta, quien tiene el compromiso y la obligación de velar por su seguridad física y emocional. Permitir que se desarrolle una relación de tipo sexual, rompe la confianza y compromete la estabilidad psicológica, consiguiendo de esta forma re-victimizar al paciente que vino inicialmente buscando ayuda.

5. En una relación terapéutica de cierto tiempo, un proceso bello ocurre: el paciente comienza a interiorizar la imagen del terapeuta; por ejemplo, en una situación difícil en su vida, el paciente puede pensar, “que dirá mi terapeuta, cómo debo manejar esto?”  Este fenómeno se llama la creación del terapeuta interior, y regularmente acompaña al paciente en su día a día, siendo este un logro importante en el proceso de la terapia.  El paciente requiere mantener una imagen positiva del terapeuta y cuando el terapeuta se convierte en amante, esta imagen interior se pierde.

6. La relación terapéutica es una relación fiduciaria, donde el terapeuta tiene la obligación de cuidar la confianza que el paciente le deposita.  Todos los colegios profesionales (psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales) tienen un código de etica que prohíbe la relación sexual entre terapeuta y paciente. Por ejemplo, en la Asociación Americana de Psicólogos (APA), solo se contempla la posibilidad de establecer una relación de  tipo sexual con un paciente dos años después de terminada la terapia y en esta eventualidad el terapeuta tiene que demonstrar como esta relación no va a afectar negativamente a quien era su paciente.

En síntesis, los sentimientos de amor, ternura, cariño, compasión e incluso sexuales son considerados habituales dentro del proceso psicoterapéutico; el punto fundamental será poder hablar de estos sentimientos y explorarlos abiertamente, observando las motivaciones inconscientes que los generaron. Externalizar verbalmente puede ser una herramienta productiva y ventajosa, que permitirá al paciente cambiar las dinámicas problemáticas de su vida acerca del tema amor y vinculo.  Sostener una relación de tipo sexual entre terapeuta y paciente corta la posibilidad de explorar de manera segura y cuidadosa, porque viola la confianza, afectando la alianza terapéutica entre ambas partes, destruyendo así la terapia.